lunes 19 de enero de 2009

PIRIAPOLIS Y SU DESTINO DE FUEGO

Columnista invitado, Prof. Rubens Rodríguez

La belleza de Piriápolis se puede convertir en tragedia, siempre que la mano del hombre mueva los cordeles del telón que modifique el escenario, para mostrar escenas de dramatismo, como puede ser un incendio devastador que se inicia en los bosques de la región.
El balneario pareciera que está signado por la espectacular visión de incendios, que tienen la atracción que emerge de la fatalidad, aunque esta pueda estar ya agendada dentro de lo previsible.
Es una constante dada la topografía de Piriápolis, bosques, coníferas, cerros y zonas excluyentes de limpieza, que periódicamente se desaten incendios que hacen temer por vidas humanas y destrucción de viviendas.
Sería tiempo de encarar un estudio actualizado de la problemática actual, dada la expansión poblacional, de la real dimensión del problema del fuego en viviendas y por consiguiente seguridad de habitantes.
Hay zonas que actualmente están desarrolladas como barrios de gran nucleamiento poblacional, cada vez mÁs cercanos a los límites peligrosos de las futuras líneas de fuego. El de estos días se controló, pero el destino quizás tenga marcado humeantes signos de llamaradas.
Son varios los incendios –para los memoriosos- que se han desatado en Piriápolis, con diferente espectacularidad, en el Barrio Los Angeles, llegando casi a trasponer las Avda Artigas, con las piñas volando en fuego, uno de los últimos traspasando la Cañada para internarse en el Country, y estar a punto de arrasar con el Barrio Beaulieu, teniendo en cuenta que todos la barrios contaban con mayor zona arbolada, antes del temporal de 2005.
Podemos señalar, por trabajos de investigación histórica, que la temporada veraniega de 1929, comenzó con fuego, tomando incremento el iniciado, en los últimos días de diciembre, en el cerro Pan de Azúcar, amenazando toda la zona, los talleres, la bodega, plantaciones, etc., que finalmente pudo ser controlado.

BOSQUES, INCENDIOS Y MUERTES
Si los meses de verano, que eran días de glorias y alegrías para Piriápolis, también producían muerte y destrucción.Enero del 34, sábado 20, la temperatura 40`6 a la sombra, 46`5 la máxima, el domingo 21, calor y fuego, se desatan pasiones, encontronazo de opiniones, alteración de ánimos, el fuego en los bosques, cerca de Talleres, Ruta 37 (hoy Fauna Cerro Pan de Azúcar), dos hombres se encuentran, rencores y desconfianzas, discusión por manejo de la situación, dos balazos apagan la vida de un hombre, “Pancho” Piria, el otro, sumido quizás en remordimiento y desesperación, en su habitación del Hotel Piriápolis, previo pedido de una botella de whisky, con el revolver maldito, se apaga otra vida, la de Carlos Bonavita, el Administrador General de las propiedades de Francisco Piria.Antes de tomar tan trágica decisión, Bonavita habría pasado por la casa de Arturo Piria (25 de Agosto (hoy Piria) y Tucumán), que se encontraba en la zona del incendio, que según algunas versiones, ante las diferencias que mantenía con los hijos de Piria (Lorenzo estaba en Montevideo), podía haber ocurrido algo peor.Quedará la incógnita, si Piriápolis que padeció la pérdida de su fundador, el 10 de diciembre del 33, hubiera podido suplir su ausencia, con la potencia, trabajo y dedicación, de estos dos hombres, que ya aparecían como vitales, para no detener la obra emprendida por Piria.
Carlos Bonavita, ingresó al Hotel Piriápolis, por la puerta oeste, siendo recibido, por el empleado Santos “Bocha” Cruz y la mucama, “La Gallega” Isabel, encerrándose en su habitación, primera puerta a la izquierda, previo relato de lo acontecido y de la decisión trágica que tomaría, pese a los ruegos de los presentes.
(Fuente de información, “La Comarca de los cerros y el mar”, sin editar)