martes 30 de diciembre de 2008

Optemos por el cambio seguro

ENTRE LOS MIEDOS Y LOS HECHOS
Por Carlos Baráibar *

Para asegurar la continuidad del proceso de cambios y avanzar más rápida y profundamente en el siguiente período, el Frente Amplio (FA) tiene la oportunidad de hacer valer la experiencia adquirida en estos años de gestión. Pero será necesario que las ideas y las realizaciones del país de los hechos se sobrepongan al país de los miedos, lo cual dependerá de la confianza que sea capaz de irradiar, por sus convicciones y por sus aportes a este proceso, el candidato presidencial del Frente Amplio.
La consolidación y profundización de los avances concretados por el gobierno dependerán de las capacidades que exhiba el Frente Amplio en un segundo período de gestión para dar nuevos pasos por el camino del crecimiento y la redistribución de la riqueza (aspecto que debe ser una prioridad de la próxima administración). Y entre esas capacidades está, justamente, la de asegurar y ampliar las garantías que los uruguayos hemos construido en estos últimos años. Son garantías que tienen que ver con el respeto al estado de derecho, la estabilidad económica, social e institucional, con la confianza en las posibilidades del país.
Esto adquiere creciente importancia al haber cambiado dramáticamente la situación internacional con la crisis global. Uruguay es parte de ese mundo inseguro y desigual, por lo cual deberá seguir monitoreando la situación y aplicar las medidas que permitan prever y adelantarse a los hechos de tal modo que los impactos se eviten o minimicen. Nuestro país ha ido construyendo un conjunto de garantías, que, por supuesto, no son absolutas, pero que resulta imperioso mantener y fortalecer en los años siguientes. Por lo tanto deberemos perseverar en la senda que nos ha dado un margen de maniobra importante ante las posibles consecuencias de la crisis.
Entre las muchas facetas que han caracterizado positivamente al gobierno del presidente Tabaré Vázquez merece destacarse el clima de previsibilidad, garantías y confianza generado por su política económica, y la sensibilidad social de una administración que logró resultados incuestionables -aunque todavía insuficientes en varias áreas- en materia de empleo e ingresos, con reformas fundamentales en lo económico, en lo social, en lo laboral, en la salud, en la educación -donde hay que concretar nuevos avances pero sin subestimar los que se han concretado, Plan Ceibal incluido-, en derechos humanos, en atención a la emergencia social, en materia presupuestal, en la defensa de la mejor inserción internacional del país en un mundo cada vez más competitivo y desigual, en la generación de nuevas posibilidades para el desarrollo de la investigación y la innovación, etc. Y estos logros han estado estrechamente ligados a la responsabilidad del gobierno, que no ha cedido ante tentaciones demagógicas –que algunos llaman “populistas”– como las que frustraron muchos intentos de cambio a lo largo de las décadas en nuestro continente. La valoración positiva de la gestión del presidente Tabaré Vázquez se refleja en las encuestas con inéditos índices de popularidad.
Todos deseamos ir más rápido, pero no se puede avanzar sin construir bases sólidas para el crecimiento y la redistribución. Y esto requiere tener en cuenta el funcionamiento de nuestro sistema político, la idiosincrasia del pueblo uruguayo, su historia, sus ritmos de asimilación de los cambios, su talante para acompasar las transformaciones sin provocar situaciones que luego puedan resultar incontrolables. Un proyecto de cambios de izquierda debe cuidar especialmente su sustentabilidad, los equilibrios, la viabilidad de sus opciones, la relación entre lo que se necesita y lo que se puede hacer sin comprometer las etapas futuras, y el incesante esfuerzo para hacer cada día más sólida y profunda nuestra democracia. Conspiran contra la gobernabilidad de un gobierno de izquierda –además de una oposición que se ha ejercido sin responsabilidad y sin dar tregua en su afán de perfilarse electoralmente– el peso de intereses sectoriales, así como ideas conservadoras e inercias arraigadas en la sociedad. Pero el gobierno del FA ha logrado las garantías y condiciones para avanzar con un margen de seguridades nada despreciable. Desde el gobierno, desde el parlamento, desde las fuerzas políticas debemos escuchar las voces de la sociedad –todas las voces–, en especial las que tienen menos poder para hacerse oír.
EL CAMBIO SEGURO. Es fundamental, sobre todo cuando se encara un proceso de transformaciones tan profundo, trasmitir confianza, ayudar con solidez argumental a generar en la sociedad y en los diversos actores económicos y sociales un clima de confianza y previsibilidad. Ello es imprescindible para la izquierda en una etapa de su historia en la que el escepticismo, las vacilaciones, las conductas erráticas, la falta de confianza y las incoherencias pudieron (y pueden aún) resultar fatales. No se trata sólo de administrar bien el país, sino, fundamentalmente, de construir un proyecto sólido para una sociedad más justa, libre y solidaria.
La izquierda, como lo advirtió Danilo Astori en el acto del 17 de diciembre en el Club Banco Hipotecario, irá a una contienda electoral donde “se enfrentará el país de los miedos contra el país de los hechos”. La oposición está jugando fuertemente al país de los miedos, anticipando catástrofes por la crisis internacional o por lo que considera -desleal y erróneamente- un gasto presupuestal excesivo (mostrando, dicho sea de paso, su rechazo a las políticas sociales a las que se destina el gasto, dispuesto con sentido de equidad y sin comprometer los equilibrios macroeconómicos que este gobierno ha sabido construir).
Pero más allá de esa campaña del miedo, caracterizada por la ausencia de propuestas, la apuesta a un país moderno, actualizado, alineado a los desafíos de la época y abierto comercialmente, encuadrado en el programa del FA, se ha ido incorporando como parte esencial de la orientación que un gobierno de izquierda debe tener en el Uruguay. Para asegurar la continuidad de este proyecto y avanzar más rápida y profundamente en el siguiente período, el Frente Amplio tiene la oportunidad de hacer valer la experiencia adquirida en estos años de gestión para concretar nuevos pasos en su próximo gobierno. Pero eso dependerá en gran medida de cómo se trasmita el mensaje y de la confianza que sea capaz de irradiar, por sus convicciones y por sus aportes, el candidato presidencial del Frente Amplio.
Y ello nos conduce a lo que ha significado Danilo Astori en el gobierno de Tabaré Vázquez. Los elementos que hemos señalado aquí, en nuestra opinión imprescindibles para el éxito de un segundo período del Frente Amplio en la conducción de los destinos del país, han tenido la contribución decisiva del ex ministro de Economía y Finanzas. Astori ha marcado su impronta en varias de las decisiones más importantes del gobierno. Lo ha hecho con creatividad, conjugando responsabilidad y audacia para promover varias de las iniciativas más importantes. Y lo ha hecho dando el ejemplo de su capacidad para trabajar en equipo, tanto en el ministerio que encabezó –donde se expresó la coherencia y la coordinación de un grupo excepcional de técnicos–, como en el Consejo de Ministros, rindiendo cuenta ante el FA y en el Parlamento de las propuestas que tenían que ver con su cartera, pero también jugándose en cada instancia por el gobierno en su conjunto, por la gestión del presidente de la República y de cada uno de sus compañeros del Consejo de Ministros y de los diferentes ámbitos de gobierno. La candidatura de Astori está justificada por los hechos. Ha demostrado que puede conducir la nave del Estado con firmeza y flexibilidad, con responsabilidad y profundo sentido de justicia social aun si el Uruguay se viera sacudido por las conmociones de la crisis mundial.
Danilo Astori personifica la orientación y los logros del gobierno de Tabaré y, por su estatura de estadista y su compromiso con el Frente Amplio, está en óptimas condiciones para proyectar la obra iniciada por la izquierda y alcanzar nuevas metas en crecimiento y justicia social.
· Diputado de AU-FA.